Corría el año 2002 y desde la organización del FIB nos llegaba la noticia del primer Sold Out del festival. En el cartel The Cure, Radiohead, Primal Scream, Suede, Dj Shadow, Saint Ettiene, Paul Weller, Sigur Ros, Supergrass, The Black Rebel Motorcycle… y The Chemical Brothers.

El cartelazo de la vida que catapultaría al festival al estrellato de las citas ineludibles para los buenos degustadores de festivales.

Recuerdo que todavía se hacían ruedas de prensa y recuerdo tropezarme con Tom Rowlands espalda con espalda en ese concurrido espacio donde los redactores, los fotógrafos y algún blogger deshubicao (seguramente en esa época fanzineros), se aglutinaban para interrogar a los de británicos.

Fue el domingo 4. La hora no la recuerdo muy bien pero imagino que sobre las 23h. Nos aupamos a la grada de prensa acuciados por el cansancio físico y por la curiosidad de contemplar aquella amalgama de gente que se hacinaba frente al escenario entonces llamado Verde para recibir la descarga sónica de los hermanos químicos.

Un mar de cabezas humeantes se mostraba frente a nuestros ojos perdiéndose en el infinito de una explanada repleta hasta la valla. Tras la valla continuaba la subida de la muntanyeta para aquellos que disfrutaban de su festival alternativo.

La luz era tenue. Tan solo el anuncio inminente de Chemical Brothers proyectado en las pantallas daba un poco de brillo a toda aquella masa de gente que esperaba su final de fiesta.

De repente, arranca el espectáculo y miles de decibelios de luz y sonido se descargaron sobre aquella llanura repleta de fibers impulsados, no recuerdo muy bien si por Do it again, Hey Boy o Out of Control, que en una comunión lisérgica saltaban como autómatas, produciendo un tsunami tropical en la otra cara del planeta. Éxtasis en estado puro. Locura colectiva.

La crítica dijo de esto que si los británicos repartieron dosis de electrónica cazallera. También se dijo que no sonó bien y que la masificación daba miedo. No les quitaré la razón, pero con los años y con la perspectiva que te da haber visto cientos de conciertos, el recuerdo de aquel FIB y en concreto de aquel espectáculo, de luz y sonido, se recuerda ahora como uno de los momentos más intensivos vividos con la emoción y el impacto que produjo en nuestra memoria emocional.

Este año volveremos a verles en el FIB 2016. Quizás vayamos con nuestros prejuicios bien trabajados en casa. Quizás no nos sorprendamos tanto ni dejen otra huella como la del 2002. También somos más viejos y más pellejos. Y eso siempre juega en contra de nuestra capacidad para sorprendernos.

 

De cualquier modo, allí estaremos.

Do it again!

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