SONORAMA 2015: CALEXICO, DIVAS, PUNK AUTÓCTONO & “CANSAUTORES”

Hay ocasiones en que los astros coinciden en un triángulo perfecto en el que lo musical, lo emotivo y lo espectacular se transforman en uno. Quizá esto pudo haber sucedido con Morente Vive, pero no fue así. Fue hermoso a ratos y tedioso en otros momentos. Estrella Morente es una diosa de la canción. Lamentablemente no se puede decir lo mismo de su hija. Una vez salió a escena, el nivel bajó. Sin embargo, la banda de rock fronterizo de Tucson, Calexico, consiguió lo que esperábamos incluso excediendo nuestras expectativas. Se trata de músicos excelsos, que manejan los tempos del show con una precisión tan descomunalmente hermosa como efectiva. Ellos estuvieron a un nivel y el resto, por debajo. Eso sí, es difícil encontrar a bandas a su altura.

Las divas fueron la británica Anna Calvi y Leonor Watling. Son bellas y desprenden hipnotismo desde el escenario. Además, la líder de Marlango tiene una voz apabullante. Es de algún modo la antítesis de la tediosa La Bien Querida, uno de los actos musicales más aburridos que uno puede encontrar sobre un escenario.

Recordar es bueno, especialmente si tal acto consigue devolvernos a grupos que marcaron un hito en su momento. Tal es el caso de los estadounidenses Clap Your Hands and Say Yeah y los españoles Mercromina. Los primeros fueron de más a menos y, todo quede claro, nunca han sido la alegría de la huerta. Los segundos dieron un conciertazo de principio a fin, como si el tiempo solo hubiese hecho mella en sus ya maduritos cuerpos pero nada de nada en su espíritu y capacidad de adentrarse por los vericuetos del rock.

Bigott cada día está peor de la cabeza, o al menos, vende eso. Es divertidísimo, lo sabemos, pero mejor haría dejando de un lado las canciones de Blue Jeans, su peor disco con diferencia y sumergirse en su anterior discografía. Además no nos engañemos lo que era innovador se está tornando previsible. En otros términos, cambia el discurso, brother.

Xoel López es quizá un cantautor excelso, con legiones de devotos seguidores, entregados a su puesta en escena Dylanesca y sus juegos vocales a dos micrófonos. Yo, pese al excesivo carácter derivativo de sus melodías, podría disfrutar de su música en un recinto acogedor, cerrado con buena acústica pero un festival con miles de personas ebrias no es el contexto. Su performance fue así un simulacro de concierto íntimo.

Joe Crepúsculo, Tomasito y el Alacrán (Nacho Vigalondo) se dieron otro fiestuqui, esta vez sin pisco sours. El que no se lo quiera pasar bien que se vaya con Xoel.

El punk también estuvo presente en el festival, especialmente en el escenario pequeño. Los Nastys empezaron a las 12 de la mañana en la Plaza de la Sal y terminaron doce horas más tarde compartiendo tablas con lo excelentes The Parrots. A alguno, aquí seremos discretos, hubo que sacarlo del escenario. Aunque luego volvió de manera triunfal, eso sí. A apuntar, la banda de Aranda Biznaga, on fire. On fucking fire, people.

La Habitación Roja se marcó un concierto doble. Su repertorio en el recinto y versiones de canciones que les inspiraron en la plaza. Son unos músicos excelentes, innegablemente pero a veces, viéndolos, a uno se le ocurre esa mítica frase de John Cassavetes en Husbands: “Where is the heart?”

Neuman es un grande del rock. Y punto. Pocos grupos contemporáneos saben construir y deconstruir en un mismo tema tan grandes atmósferas envolventes.

Y es necesario hablar de las sesiones de DJs de la Plaza del Rollo. Performances como Los Bingueros, Las Despechadas y los Pico y Pala la transforman en gran medida en el centro neurálgico, el sistema nervioso de un gran festival como el Sonorama. El divertimento es pura jouissance, que diría Zizek, el gran filósofo-profeta del water. Dejarse llevar a la deriva a veces comporta el “masaso” pero, nunca mejor dicho, que quiten lo bailao a los miles de individuos que se agolpan por cada rincón de la Plaza con el convencimiento de que no existe lo ulterior.

Tocaron muchos más, y cada persona tendrá sus propios mementos del festival. Lo hermoso de estos es que  son insustituibles, absolutamente intransferibles y que nadie podrá jamás percibirlos como uno mismo. Esa es precisamente la grandeza del Sonorama: su capacidad innata de acumular tales recuerdos. Habrá muchos más.

 

Y, no se olviden, siempre nos quedarán los Toreros Muertos.

Texto: Dr. V

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