Inherent Vice

Miren, Paul Thomas Anderson es un visionario, un genio que se arriesga en cada segundo de sus películas, aunque no siempre realice obras maestras. En el año 2007, su extraordinaria “There will be Blood” estuvo a punto de ganar la estatuilla de la Academia a mejor película. No fue así. Los hermanos Coen se llevaron el gato al agua con uno de sus films más conservadores, “No Country for Old Men”, lejos de obras rompedoras como “Blood Simple” o “Barton Fink”. La historia de los Oscar está plagada de irrisorios momentos como este. Recuerden: “Shakespeare in Love” ganó el máximo premio. Sí, de verdad. Este año, algo parecido ha sucedido, “Birdman” de González Iñarritu triunfó en la gala de los Oscar, llevándose un alud de premios y nominaciones. Ganó en casi todo lo importante, excepto mejor actor. Pobre Michael Keaton. Su irregular carrera se quedó sin el gran colofón que ya veía en la “butxaca”.

Pero, ¿por qué triunfó Birdman? Les doy 3 claves:

1.- A los críticos les encantan los planos secuencia, el virtuosismo cinematográfico “par excellence” y el film de González Iñárritu es una concatenación de los mismos (aunque a veces utilice una cutre-niebla para ocultar el corte). En contraposición a films como “Children of Men”, donde el increíble trabajo del mexicano Emmanuel Lubezki nos ha dejado alguno de los planos secuencia más emotiva, técnica y narrativamente extraordinarios en la historia del celuloide, en “Birdman” nos parece que la sofisticación visual está al servicio del virtuosismo en sí mismo. Es un globo mal hinchado que no necesita que nadie lo pinche para fenecer en un asfalto mugriento.

2.- Es una película de actores, sobre actores y para actores, y estos, en la Academia, tienen un peso capital. Por muchas campañas agresivas de Harvey Weinstein a favor de “The Imitation Game”, los actores siempre terminan ganando.

3.- El Oscar nunca va hacia quien busca y disfruta con el riesgo, como P.T. Anderson, si no para aquella película de factura competente, sentimentalmente explícita y políticamente correcta en lo que todo hace “click”, y que tal vez nos hace pasar un buen rato… algo que vemos y apenas recordamos transcurridas unas horas. Por supuesto que hay excepciones, pero sobretodo en la era contemporánea, son pocas.

“Inherent Vice” no es perfecta, sin embargo, está llena de detalles que transportan al espectador a un universo único.Y esto, hoy en día, es impagable. En los primeros minutos del film el maravilloso tema de “Can”, “Vitamin C”, da paso al título de la propia cinta de manera contundente, es una yuxtaposición de significantes que lanza una alarido que nos retumba en los oidos con magnificencia: acabamos de entrar a un (sub)-mundo en el que nada terminará de encajar de manera perfecta pero que querremos visitar vez tras vez tras vez.

Para los melómanos, “Inherent Vice” cuenta con una interesante banda sonora original de Johnny Greenwood y una serie de temas pre-existentes ciertamente destacables, entre los que se puede resaltar “Journey Through the Past” (Neil Young) o “Here Comes the Ho-Dads” (The Marketts)

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