Desde hace unos años, el recinto del FIB parecía una sucursal pequeña de Glastonbury, con grupos de jovenzuelos británicos campando a sus anchas como si este trozo de la costa castellonense llamado Benicàssim fuese suyo. No es que hayan desparecido pero sí que se ha apreciado este año un intento por parte de la organización del festival de recuperar al público español. La presencia de bandas de primera fila patria como La Habitación Roja, Neuman o Dorian, por mencionar a algunos, así lo atestigua. El combo guiri-hispánico parece haber funcionado; el festival logró colgar el cartel de sold out el sábado después de muchísimos años. Aunque este hecho se debe en gran medida a la presencia de la superbanda contemporánea por excelencia, Muse, de todos modos, las cifras de asistencia han sido más que notables los cuatro días del evento.

Varios cambios “estéticos” han sucedido este año. Y casi todos positivos. Por fin nos hemos quitado de encima el escenario-autobús, incómodo para las bandas, incómodo para los músicos y portador de un sonido más que deficiente. Por otra parte, el escenario Radio 3 ha traído de vuelta el estilismo carpa al festival, algo que echábamos de menos. Quizá sería conveniente que hubiese un ingeniero de sonido a tiempo completo en este escenario, sino tienen que surgir ángeles de la guarda como Luis Martínez (Euro-Trash Girl, Little Canyon Studios) para “salvar” actuaciones como la de Ramírez Exposure.

Mientras las hordas se apelotonaban con Muse, nosotros nos pasamos por otros dos conciertos que sucedían al mismo tiempo. The Kills quizá ofrecieron el mejor espectáculo musical de los 4 días de FIB 2016. Su post-punk de toques ochenteros nos embaucó. Alison Mosshart es nuestra nueva diva. Su capacidad para combinar excelencia vocal y presencia escénica no tiene parangón. Al mismo tiempo la chileno-valenciana Soledad Vélez comenzó bajo la sombra de Muse (en los momentos low de su performance se oía literalmente el estruendo fastuoso e innecesariamente estrepitoso de los británicos) para al final desatarse y ofrecernos un concierto de altos quilates.

Massive Attack no son solamente los más grandes del trip hop (con el permiso de Portishead) sino que aúnan tres factores diferenciadores con respecto a la mayoría de bandas: potencia descomunal, conciencia política inequívoca y extremadamente contemporánea (hasta el punto que abordaron temas como la matanza de Niza o el reciente golpe de estado en Turquía mediante una serie de mensajes que se sucedían en una enorme pantalla de LEDS), y virtuosidad lírica. Incomparables. Terminamos exhaustos un domingo a las 4:30 de la mañana pero valió la pena.

Nos parece escasamente productivo hacer un repaso, concierto a concierto, de aquello que nos gustó, encantó, aburrió o dejó más frío que un hielo eternamente sólido. Ya lo habréis leído casi todo. Sin embargo, os ofrecemos 12 apuntes a modo de esbozos sustanciales de lo que nos pareció más destacable:

Perlita: sintetizadores, Pedro Perles on fire, camisas hawaianas estrambóticas y molonas, desenfreno psicodélico. Un grupo que va a más y no dejará de crecer.

Major Lazer: 2 MCs sobre una serie de temas enlatados rodeados de 3 bailarinas extraordinarias. Bailoteos por doquier. Para pasar un rato y olvidar. Es un grupo que cataliza el frenesí pero también la amnesia.

The Zephyr Bones: banda a tener en cuenta desde ya. Rock de texturas psicodélicas que pronto dará el salto al estrellato. Manténganse al loro.

The Chemical Brothers: su último disco es de lo mejor que han hecho en años. Su dimensión visual en directo supera incluso a la potencia descomunal de sus grandes clásicos. Espectaculares y excesivos, los hermanos químicos son parte indisociable del FIB pasado, presente y futuro.

Zahara: es triste ver a tan grandes músicos al servicio de un acto tan sumamente pueril. Zahara tiene un par de temazos pero no estamos seguros si ni siquiera ella misma lo sabe. El resto rezuma mediocridad.

Echo & The Bunnymen: Ian McCulloch es un personaje, y no siempre para bien. Sus excesos retóricos y maleducados con los ingenieros de sonido son los caprichos de un tipo que ya está de vuelta de todo. Sin embargo, es una banda extraordinaria que emanó de la oscuridad para sumergirnos en universos febrilmente hipnóticos.

The Shivas: garage desde Portland que promete. Sin embargo, falta que cuaje. Son unos chavalitos y les daremos tiempo. Si no encuentran un factor diferenciador, quedarán engullidos por muchos otros a los que se parecen demasiado.

Tijuana Panthers: como contraposición a The Shivas, estos tipos sí que han encontrado ya “su sonido”. Garage surfero para dejarte llevar. “Creature” es un temazo de dimensiones gloriosas.

Fidlar: punk californiano con la impronta west coast que nos fascinó.

Chucho y Neuman: como siempre impecables. Nada especial, pero como me dijo un amigo “ya he escuchado ‘Magic’ de Chucho  y me puedo ir a casa.” Las deficiencias sonoras del escenario Radio 3 no jugaron a su favor.

Dorian: Cualquier otra parte, Cualquier otra parte, Cualquier otra parte. El gran síntoma de que el FIB español ha vuelto fue ver a miles de personas entonando el celebérrimo tema de Dorian.

Kendrick Lamar: muchos “clasicotes” del indie rechazan el hip hop. Quizá este hecho demuestre más su propia miopía con respecto a cómo ha cambiado la música en la última década. El de Compton habla del mundo actual y las decenas de miles que se entregaron a su espectáculo de ritmos pegadizos lo saben.

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