FIB 2016: MASSIVE ATTACK

El trip hop nos llegó en los 90, via Bristol. Se puede definir como una música que mezcla elementos del ambient, la electrónica y el hip hop y, en menor medida, el jazz y el funk. Y, ante todo, algo nuevo que surgió de la apropiación multi-vectorial de existentes tendencias en el panorama musical. Mientras el britpop se volvía mainstream, el trip hop se situó en un segundo plano, cambiando la historia de la música.

Por la web, circulan infinidad de listas, con tops de canciones y álbums. Inevitablemente, Portishead, Morcheeba, Goldfrapp, Tricky Massive Attack y UNKLE se sitúan a la cabeza. Algunos quizá eligirán “Dummy” o el disco homónimo de Portishead como cumbres infranqueables de este movimiento. Y es difícil no reconocer la casi insuperable calidad de temas como “Mysterons”, “Wandering Star”, “Roads” y “Glory Box”. Son envolventes, son excitantes, son evocadores, son, en una palabra, fascinantes. Y nunca dejarán de serlo. Cuando los escuchas, eres un converso (también cabe apuntar su consideración como grandes álbumes como banda sonora del coito, cosa que no ha hecho sino elevar su estatus socio-erótico-cultural). De hecho, los asistentes al FIB del año pasado lo pudimos comprobar de primera mano. Pocas veces hemos podido observar una excelencia tan delicada y estruendosa al mismo tiempo. Realmente, y permítanme utilizar una palabra en inglés, timeless.

Massive Attack

Pero para otros, todo empezó con Massive Attack y su álbum “Blue Lines” en 1991. Al principio, los medios no encontraron adjetivos para definirlo, tornándose en sí en un islote inclasificable que posteriormente se configuraría como germen y embrión de lo que devino el “trip hop”. Massive Attack fueron así unos cartógrafos de lo desconocido que plantaron la semilla de una anomalía, de un attack a lo pre-establecido. Quizá lo que diferencia a Massive Attack de Portishead fundamentalmente es la vertiente soul claramente detectable en el primer grupo a través de su carrera. Ambas bandas son hipnóticas pero mientras que las huestes de Beth Gibbons confían siempre en la excelencia vocal de su cantante, Massive Attack se articula a través de una heterogeneidad interpretativa a nivel vocal que lanza flechas en direcciones múltiples. El tema que abre “Blue Lines”, “Safe from Harm” es una declaración de intenciones y una ruta, una mix de tendencias musicales que los sitúa, de sopetón, en el Olimpo. Después llegarían “Protection” y sobre todo su incursión más oscura y, tal vez, más extraordinaria “Mezzanine”. Quizá el tema más conocido de este último disco sea “Teardrop” (en colaboración con Cocteau Twins) pero, para un servidor “Angel” o “Rising Son”, se alzan como la cumbre del movimiento musical que comenzaron a cimentar. La década de los 90 se acabó con este álbum, posteriormente han realizado sin duda obras de mérito, aunque sin alcanzar el asombroso nivel de sus primeras creaciones.

Poco importa esto último. En Julio llegan al FIB y será épico. Sus directos son simplemente sublimes. Vean aquí:

The Water Tapes

Ver todas las entradas

Añadir comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Meks Ads