Ir a un concierto de El Niño de Elche es una experiencia única e inquebrantablemente sorprendente. Además, escuchar sus reflexiones en charlas, diálogos o sesiones de intercambio crítico con otros músicos es también un ejercicio de despertar intelectual porque Paco Contreras es, por encima de cualquier cosa, un pensador brillante. Y tremendamente humano. Sí, humanidad, ese rasgo que tanto echamos a faltar en estos días de debacle moral, ética y erudita en este deleznable mundo de desigualdades en el que vivimos.

Las palabras de Paco surgen sin hiatos ni excentricidades de una mente que posee una virtud al alcance de pocos, “un sentido común” que nos recuerda a (casi) todos lo que es importante: el día a día, las pequeñas cosas, todo aquello que depende de las personas y solo de las personas. Entendemos, por tanto, que sus conciertos son una extensión de este pensamiento crítico—irreverente y dulce, irrefrenable y cándido.

No es importante que las hordas del postureo modernete lo hayan adoptado como artista fetiche. ¿Quién dijo que incluso desde la ignorancia se puede llegar al Nirvana? No se preocupen, convivimos con ellos. Especialmente con El Niño de Elche en el escenario porque es fácil olvidarse de todo al afrontar el torrente emotivo e intelectual que asalta nuestros ojos y oídos.

El próximo viernes día 3 de marzo AndSons Producciones traen al Niño de Elche al Wah Wah Club. Parece innecesario afirmar a estas alturas que es una cita ineludible. En contraposición a los músicos de “disco”, gente que repite cual cacatúa (en el mejor de los casos) un repertorio grabado y arreglado al milímetro, el ilicitano parece un mago surgido de la escuela de Georges Méliès, buscando siempre maneras de reinventar aquello que crea, entendiendo la música como un proceso, como estadio cambiante y maleable. Huiremos aquí de etiquetar su música porque las taxonomías solo se articulan a través de la predictibilidad y la resignación. Afirmaremos, sin embargo, que los versos de Paco Contreras reverberan ductilidad y buscan mentes cómplices para abrazar el extravío y la perdición placentera.

En esta ocasión, le acompañará “Segunda persona”.

 

Si no venís, “Que os follen”.

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