Es cuestión de expectativas. Y, posteriormente, ser justo en reconocer la realidad que tienes frente a ti. La franquicia Sónar se ha convertido en una reputada opción de negocio porque la calidad del producto está garantizada. Las expectativas tienen una enorme probabilidad de cumplirse o incuso más allá. Y todas y todos necesitamos vivir experiencias con una elevada dosis de sorpresa desconocida.

Water Tapes hizo acto de presencia en Reykjavík buscando sorpresas y las hubo. El cartel, que incluía una larga serie de artistas desconocidos para nosotros, nos generó una añorada incertidumbre y expectación. Gus Gus y Underworld eran una apuesta segura. Si todo lo demás iba mal teníamos dos balas infalibles en la recámara. A partir de ahí una cantidad suficiente de artistas desconocidos y prometedores. Julián Mayorgas, Bríet, Vök, Cao, Serpentwithfeet, Sykur, Yagya, Ben Frost, Danny Brown, Lafawndah, Nadia Rose, Lindstrom,… prometedores todos ellos y ellas.

Sin embargo, debemos comenzar por el principio. Visitar Islandia bajo cualquier pretexto es mucho más que imprescindible. Fastuosidad natural en cada rincón, en cada valle, glaciar, lago y volcán. Por supuesto están las auroras boreales y a nosotros nos saludaron en un giro de suerte anhelada. Eso sí sería en el único día que nos atendió un cielo despejado. Debéis visitar ese paraíso salvaje cualquiera que sea vuestra excusa. Teníamos un buen puñado de motivos y decidimos atenderlos todos ellos.

Si tomáis la misma decisión, y una de ellas es asistir a la convocatoria de Sónar en Islandia, no va a ser necesario que valoréis la opción del abono VIP. No hay ninguna diferencia significativa con los abonos normales. El ahorro de coronas islandesas bien podréis usarlo en otros menesteres. Esta es una economía que os va a exigir lugares desconocidos de vuestro presupuesto para los actos más comunes.

Una vez acreditados, y atendidos de forma amabilísima, decidimos recordar cuál era nuestra misión. Sobrecogidos por el edificio multiusos que alberga esta cita, Harpa, damos nuestros primeros pasos para reconocer los espacios habilitados y asistir a las primeras propuestas. Musicales, sociales y tecnológicas las primeras actividades de la agenda del Sónar son el eco del pistoletazo de inicio.

Julián Mayorga es el primero en atender nuestra atención. La psicodelia tropical de este colombiano multitarea nos atrapa brevemente. Quizá la brevedad de su participación escondió mayores matices que no pudimos valorar. Aun así, frescura colorista y ritmos con base electrónica que esperan mayor desarrollo.

Seguidamente la jovencísima Bríet nos reclama con su electropop de fundamentos souleros. No mereció tan poca atención del respetable. Su presentación fue elegante y precisa. Su currículum es escaso y, por tanto, habrá que esperar sus futuros trabajos para valorar su rumbo.

La siguiente parada nos convocaba con la banda islandesa de hip-hop Reykjavíkurdætur (Hijas Islandesas). Completamente compuesta por mujeres, y no serían las únicas, forman parte de un doble fenómeno musical. Textos reivindicativos, tan necesarios en defensa y ataque de su condición, y ritmos que en pieles casi traslúcidas sorprenden por su fuerza. Representan una generación de islandesas/islandeses que gustan de músicas importadas y filtradas.

Con Vök nos sentimos mucho más a gusto. Desconocerlos hasta este momento multiplicó tan agradable sorpresa. Originarios de Reykjavík añaden la electrónica a su fundamento indie-pop que nos recuerdan a bandas consagradas de trip-hop y que tanto nos gustan a nosotros. Un descubrimiento que esperamos encontrar por nuestra escena nacional cuanto antes. Descúbranlos.

Y llegó el momento de asistir a la cita con Gus Gus. El dance y electrónica de estos veteranos cumplió las expectativas. Sabían que estaban en casa y un aforo completo no se sintió defraudado. La gran cita de la primera noche combinó bailes desaforados, puesta en escena y mucho sudor. Por fin veíamos de qué eran capaces los isleños ante los sones de una de sus bandas más internacionales. Esperábamos encontrarnos a la deseada Björk en una convocatoria ineludible. No fue esta vez.

Para acabar la jornada la invitación se encontraba en el sótano-nevera, así lo bautizamos, o espacio para las sesiones más espasmódicas. Los Djs y la necesidad de bailar se reúnen en un espacio aparentemente incómodo y aislado. Sin embargo, tras el tiempo suficiente la comunión de sonidos y luces sobrias con expresiones corporales no habituales para los que habitamos mucho más al sur demuestran que todos y todas somos capaces de alcanzar un estado compartido de ascética rítmica y convulsiva. Nos pareció ver a Björk? La duda flotó sin consuelo. El rumor es extendía.

La segunda jornada comenzaría con una sorpresa anhelada y una confirmación necesarias antes incluso de partir hacia la isla de los volcanes. Pero debían esperar todavía. La peruana Cao nos esperaba en la sala más pequeña y más cómoda. Era el anticipo a lo que realmente nos había llevado a tomar primeras posiciones. Cao desgranó su electrónica étnica o, como alguien comentó, de cumbia oscura. Interesante manejo de conceptos que bajo nuestra humilde opinión está pendiente de un desarrollo adicional y que debería ofrecer mayor profundidad si explota aún más sus raíces.

Y llegó el momento de Serpentwithfeet. No nos decepcionó el norteamericano. Esta era la sorpresa anhelada para quienes habíamos indagado en él semanas antes. Poesía lírica que viene destilada de la fuente del góspel y los taninos de la electrónica justa y comedida. Teclado y bases para su voz. Una experiencia para los sentidos. Supo crear muy rápidamente el climax que buscábamos. Se nos hizo extremadamente corto con apenas cuatro temas. ¿Si lo bueno breve dos veces bueno?. Sin duda fue así. Su estética y su voz nos elevaron. Lo esperamos por nuestros escenarios impacientes. Incluso Björk no dudó en estar presente.

Y de repente allí estaba. La confirmación. La diva estaba allí. Con una presentación angelical, de pie junto a nosotros, flotó y nos sonrió. Pasó por nuestro lado sin necesidad de hacer espacio. Se deslizó hacia el backstage y desapareció.

El panorama musical islandés seguía abriéndose ante nosotros con Sykur (azúcar en islándes). Música electrónica con gotas de experimentación. Baile en estado puro. La legión de seguidores islandeses casi completó el aforo de la sala. Entregados pero de manera civilizada los fans se abandonaron en cuanto sonó uno de sus hits más conocidos de esta banda, Reykjavík. La tarde noche comenzaba a caldearse. Debía ser así llegaba el plato fuerte del día.

The main course llegó. Underworld desbordó. La sala de mayor capacidad, abarrotada, fue testigo de estos verdaderos profesionales. Cirujanos de la electrónica comercial desde los noventa desplegaron su repertorio al completo y los asistentes por fin sudaron de veras. También nos dejamos llevar. No hubo sorpresas. La histeria colectiva iba in crescendo. Cerrando con la eterna Born Slippy consiguieron lo que era sencillo, multiplicar la euforia, ya lisérgica a esas alturas. No somos nadie ante estos monstruos del techno.

Sin tiempo apenas para reponernos cambiamos de sala para asistir al festival de ritmos y rimas bailables de la decena de componentes, una vez mas, de Reykjavíkurdætur. Las locales desplegaron una potente puesta en escena con coreografías elaboradas pero con el suficiente grado de espontaneidad y mala leche. También islandesas y componentes de otras bandas del mismo palo arengaron a sus fans para que la entrega fuera total. Todo un espectáculo para los amantes de un hip-hop que quiere empoderar a la mujer. Riot girls con mensaje y postura incómoda, feminismo en toda regla, la postura combativa abanderada de las nuevas generaciones que vienen pisando fuerte.

Para refrescarnos no era suficiente abordar unas cervezas urgentemente. Para ello decidimos bajar a la obscuridad helada. El lugar donde el islandés Introbeatz y el escocés Denis Sulta asumirían el mando de nuestras últimas horas en el Sónar. Los remixes house-dance y el hip-hop electrónico del primero recibieron a quienes buscábamos el aire limpio y fresco de la sala, pero todavía necesitábamos agitar rítmicamente nuestros cuerpos. De manera delicada transitamos a la meticulosa y pulcra creación del productor y Dj Denis Sulta (Hector Barbour). Con miradas cómplices y movimientos de cabeza acompasados disfrutamos de nuestros últimos momentos en esa pista.

Una experiencia digna de la marca Sónar en un entorno incomparable. Solo nos quedaba probar suerte con las auroras boreales. La pregunta final es evidente. ¿Repetiréis?. Primero cumpliremos con la necesidad de asistir al Sónar Istambul el próximo año.

 

Texto: Ángel G. Ortiz

 

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