El FIB ha sido y siguiendo siendo un festival de referencia en el panorama musical español y europeo. Todos hemos oído o vivido en primera persona episodios inolvidables: aquel año del diluvio universal,  aquel concierto mítico de PJ Harvey, y blablabla.

Más allá de este o aquel momento, la longevidad del FIB es incuestionable y es, sin duda, un componente esencial de su aura y estatus. Aquella idea más o menos loca de los hermanos Morán ha mutado, ha crecido, ha cambiado de fechas, estuvo a punto de perecer, y, cual Ave Fénix ha resurgido en los últimos cinco años.

Aunque los illuminati indie lo rechazan de manera sistemática hoy en día, y prefieren experiencias más gourmet como el VIDA o el TOMAVISTAS, es indudable que la fórmula “sol+playa+música” sigue teniendo sus adeptos, y nosotros lo seguimos siendo, sin que dejemos de apreciar otro tipo de experiencias, quizá más apropiadas para nuestra edad, que en la mayoría de los casos supera las cuatro décadas. Sí, abueletes somos, ergo, existimos. Últimamente hemos descubierto a músicos extraordinarios como Belako, Le Parody, Kokoshca y Gaspard Royant, por mencionar algunos. Y, lo seguiremos haciendo.

La memoria es juguetona y suele gastar malas pasadas, pero, intentaremos recordar ciertos momentos que se nos han clavado en las neuronas. Estamos seguros que, en esta edición o en las de los próximos 25 años, habrá más. Y así, a veces sin esperarlo, creceremos y seguiremos rememorando, siempre comprometidos con un futuro al que queremos impredecible.

 MORRISSEY NO VIENE…¿Y QUÉ? ESTÁN LAS SCISSOR SISTERS

Los fans de The Smiths y Morrissey son integristas así que, cuando al cantante británico le entró una jaqueca y canceló su intervención a última hora, las lágrimas corrieron hasta por los policleans. La depresión generalizada no duró mucho porque bajo la carpa del segundo escenario (sí, en aquel entonces todavía había carpas) el éxtasis se materializó a través de la performance con todas las letras de Scissor Sisters, unas locas reinonas de electropop que sofocaron el insufrible calor a base de ritmos pegadizos ante unos enfervorizados fans que consumían cervezas y tetra briks de Don Simón como si no hubiese un mañana, buscando situarse lo más cerca posible de los rítmicos aspersores que ocasionalmente mitigaban su necesidad de hidratación.

Pd: Morrissey apareció al año siguiente y se envolvió en la bandera de España ante el estupor general. Su concierto fue tan olvidable como mediocre.

Moraleja: A veces “el masaso” desencadena el disfrute.

Y, ¿ESTA QUIÉN ES? AMY NO SÉ QUE…

Sí, era la desafortunadamente fallecida Amy Winehouse, hermosa, joven y con una voz insuperable. También debajo de una carpa. No sé porqué llegué allí ni con quién. El caso es que escapamos del escenario verde para adentrarnos por los vericuetos del festival, y apareció Amy. Allí, entre apenas un centenar de personas que, según cantaba, se hizo millar, disfrutamos de su maravillosa música. Y no lo olvidaremos.

Moraleja: Los caminos menos transitados están llenos de sorpresas. Circulen por los escenarios pequeños.

EN MI VIDA HE VISTO BAILAR A TANTA GENTE, ¿Y TÚ?

Mi contertulio, el gran Juan Limousine, fotógrafo en busca de la instantánea perdida que otros jamás capturarán, negó con la cabeza. Sí, estamos hablando de The Chemical Brothers, profetas del éxtasis, bardos de lo sustantivo, proveedores de la electrónica más abracadabrante desde hace décadas.

Miren, el FIB siempre debería terminar con un concierto de los Chemical. Y punto. Los Fibers son gente honesta y nada complicada, anhelan disfrute y, sí, en muchas ocasiones, también desfase. Los ingleses tienen la virtud de tornar  la masa en marea que, de manera acompasada, libera un torrente de emociones.

Moraleja: la simplicidad es la más sofisticada estrategia de programación.

“CON USTEDES, EL LEONARD COHEN”

Tales palabras pertenecen a nuestro añorado Enrique Morente—genio sin parangón—que dio un recital inconmensurable acompañado con sus músicos y Lagartija Nick, a modo de preámbulo de un ya mayor pero excelso Leonard Cohen. Aquella tarde-noche tiene un cariz extraordinario: lo consecutivo devino orgánico, los programadores del FIB consiguieron que un concierto fuese ininteligible sin el que le sucedía, que quisiéramos con lo secuencial se hiciese circular, y que en un loop interminable volviésemos a ver a dos de los grandes genios que nos ha dado la música.

Omega es eterno. El Leonardo también.

Moraleja: Dar las gracias puede ser suficiente. Gracias Morente. Gracias Leonardo.

POBRE ARTHUR LEE

Love es una de mis bandas favoritas. Y nunca dejarán de serlo. Aquella noche el pobre Arthur Lee salió al escenario embriagado hasta los tobillos. Aparentemente uno de sus mejores amigos acababa de fallecer. El guitarrista—héroe coyuntural—tomó las riendas y acabó las canciones. Arthur se retiró a la media hora entre sollozos y eructos. Arthur, pese a lo que pese, no te olvidaremos.

Moraleja: Los directos se pueden olvidar, el legado de una banda irrepetible no.

“LE ESTÁ DANDO FLORES AL SEGURATA”

Todo el mundo sabe que cuando comienza el día los astros tiran una moneda al aire y deciden si el concierto de Cat Power—“Chan” Marshall—serán desastroso o maravilloso. Esa noche los astros estaban perezosos y olvidaron tirar la moneda, pero, mayormente, fue un show memorable. Nerviosa como siempre, corrigiendo sistemáticamente a los músicos, Chan estuvo, sin embargo, simpática y bordó la mayoría de los temas. Una pequeña píldora de la grandeza de la estadounidense. Y de repente, pasó: acabado el concierto, Chan repartió flores hasta al que asó la manteca, incluido a un fornido segurata, que profesional como pocos, miraba hacia un horizonte lejano de espaldas a la música. Aun así, Chan lo hizo. Y sí, el segurata sonrió.

Moraleja: a veces, las sonrisas y las flores vienen desde espacios mentales inesperados.

DAN DEACON (Y SU BATERÍA) SON LOS PUTOS AMOS

Ojalá pudiese decir que sé su nombre, pero no. la mujer que tocó la batería acompañando a Dan Deacon es una presencia espectral deliciosa en mi caprichosa memoria que jamás olvidaré (en realidad, sé quéen es, su nombre es Kate Levitt). El caso es que Deacon, el esteta más arriesgado de la electrónica de Baltimore, dio un recital, creando sonidos que ni siquiera podía imaginar que pudiesen existir. Verlo es obligatorio; la genialidad es una consecuencia de su falta de miedo para experimentar con las posibilidades expresivas de lo musical.

Moraleja: Todavía tengo tiempo de empezar a tocar la batería. Kate Levitt, enséñame.

AQUELLA SANDÍA…

No, en el FIB no venden fruta. O al menos, no lo hacían. Quizá ahora haya mangos orgánicos. Pero si encuentras un segurata simpático, te deja entrar una sandía, y puedes, junto a amigos y espontáneos, disfrutar de sus contenidos. Y ahí lo dejamos.

Moraleja: La fruta revitaliza, “tuneada” todavía más.

LOS GUIRIS, LOS GUIRIS, LOS GUIRIS

Sí, en el FIB hay muchos guiris, y algunos son gilipollas. Pero otros no. ¿Qué tal si en vez de quejarte hablas con ellos? A lo mejor te encuentras con sorpresas.

Moraleja: Deja de quejarte y piensa que el prójimo es quizá más inteligente e interesante, o al menos tanto como tú.

AQUEL CONCIERTO FUE INCREÍBLE… NO HABRÁ…. SHUT UP, PESADO

Hace muchos años, en mi año Erasmus, un profesor bigotón de la Universidad de Nottingham me enseñó una máxima que no puede ser más cierta “la vida es una historia de nostalgias”. Por tanto, ya sabes. Como dijo el gran George Clinton, “Free your mind, and your ass will follow”. Si abres tus puertas de la percepción (sí, me copio de Jim Morrison), quizá asistas en el próximo FIB al concierto de tu vida.

Moraleja: Tu pasado no nos interesa, queremos disfrutar contigo del futuro.

Texto: Vicente Rodríguez Ortega

The Water Tapes

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